'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







July

Una nerviosidad pero una parsimonia: una delicadeza pero una indignación: una fragilidad pero un desencanto: Julio Mendizábal (July, le pusimos de apodo los amigos, transponiendo su nombre al inglés) vivió a menudo estos contrastes. Si los supo sortear, no lo sé. La última vez, lo vi en la calle: que había terminado un libro, me dijo, una novela, creo, pensaba publicarla en Magna Terra, me parece.

En otras épocas, nos frecuentábamos bastante. Fueron noches y noches de juerga. Alimentaba una vida secreta: era un hombre callado. O talvez yo estaba tan loco y tan absorbido por mí mismo que no le puse verdadera atención. Acaso esas confesiones que me comunicó, esas intimidades que lo trabajaban por dentro, se perdieron en las sucesivas borracheras. A menudo, simplemente se iba a deshoras: se iba solo.

¿En dónde lo conocí? ¿Fue en la Landivar? Eso creo. Él también leyó a Umbral, de eso hablábamos. Una película le despertaba inquietudes, emociones; una banda; tal libro. En La Jacaranda, desfilaban los litros de Gallo. Estando a mil, librábamos discusiones encendidas. Era muy callado, y siendo así de tímido, a la vez opinaba, descalificaba, disentía: otro de sus irremediables contrastes.

Como yo, terminó en el periodismo: en el periodismo cultural. Tenía su columna: “Ciudad Despierta”. La suya es otra historia urbana: murió asfixiado en su apartamento de la zona 1. Es mejor que morir de un cáncer del colon.

Cómo cuesta escribir de los amigos muertos: un día serán tantos, no podré hacerlo más: estaré muerto yo también.

Compartimos nuestra buena dosis, nuestra buena dosis de risas: éramos un grupo de amigos muy unido. Los buenos momentos: también ésos están allí: pájaro glorioso de cenizas.


(Columna publicada el 9 de junio de 2005.)

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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